Menu
 


Agustín Basave. Foto Archivo/SIR

Abraham Gorostieta

Jueves 14 de enero de 2016

Los mexicanos tenemos una izquierda que lamentamos. A 26 años de su fundación, el Partido de la Revolución Democrática esta moribundo. Nació como un partido político que abanderó las causas de la izquierda, y que surgió después de un fraude electoral que en los hechos, nadie ha podido probar. Si contamos desde la fundación del Partido Comunista Mexicano hace 105 años, y como bien recuerda el doctor Enrique Krauze, la izquierda ha practicado todas las variantes político-ideológicas del verbo desunir: dividir, descalificar, anatematizar, expulsar, excomulgar, abjurar. 
Actualmente para sobrevivir, el PRD tendrá que aliarse a su némesis político: el partido de corte conservador Acción Nacional. No sólo eso, para aliarse tendrá que postular a políticos antiperredistas, y figuras que han estado en contra de toda postura de izquierda, como el eterno suspirante al gobierno de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares, sobre quien pesan serias acusaciones de represor de organizaciones, líderes, activistas políticos de la izquierda.
Cuando el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y el célebre Heberto Castillo, fundaron el PRD el 5 de mayo de 1989, junto con aguerridos luchadores y políticos como Gilberto Rincón Gallardo, Rosario Ibarra de Piedra, Porfirio Munoz Ledo, Pablo González Casanova, José Woldenberg, Enrique Semo, Enrique González Pedrero y tantos hombres y mujeres más que dejan su huella en La Historia de los movimientos sociales en México, nunca imaginaron que el partido terminaría en el desprestigio social y político. El doctor Lorenzo Meyer es demoledor en su descripción: "El PRD se corrompió, quizá porque no había fibra ideológica, sino ganas nada más de encontrar un puesto. Simplemente no pudo superar la tentación del dinero y de la corrupción, y de tener puestos administrativos, de ser parte de la burocracia tan corrupta como lo era antes de que ellos tuvieran la administración de sus gobiernos. El PRD no cumplió con su papel". 
Actualmente de sus 1500 fundadores, el PRD cuenta entre sus filas con solo quince de ellos, entre los cuales están Jesús Ortega, Jesús Zambrano, René Bejarano, Dolores Padierna, Carlos Navarrete y Graco Ramírez.
Envueltos en el desprestigio, en un intento por salvarse, el PRD eligió como su nuevo presidente al académico Agustin Basave. No era militante del partido, incluso, apenas una semana antes de ser elegido se afilió al órgano político. Pocos meses después, para mantener a flote el barco, el presidente Basave propone hacer alianza en cuatro estados, incluso, postular antiperredistas. 
Priísta, Basave inició su carrera en la administración del ex presidente Carlos Salinas de Gortari, después saltó a una diputación federal, y después se incorporó a la campana presidencial de Luis Donaldo Colosio. Al mismo tiempo, invitado por amigos, se sumó a Elba Esther Gordillo y Jorge G. Castaneda en el Grupo San Ángel, para después ser embajador de México en Irlanda, país que eligió Carlos Salinas como refugio de su auto exilio. Con doctorados en la Universidad de Oxford, Agustín Basave se ha adscrito a la ideología política de Louis Blanc, la socialdemocracia y en ella ha transitado sus últimos años. 
El ex profesor y ex directivo de la Universidad Iberoamericana prometió “acciones correctivas ejemplares contra perredistas relevantes de conductas corruptas”, cuando asumió la dirigencia del PRD. Ya han pasado los meses y esas correcciones no llegan. Y como se ven las cosas, no llegarán. 
Agobiado por la lucha interna dentro del PRD, el pasado once de enero presentó “su renuncia” a la presidencia de su partido. Horas después, tras una filtración periodística dada a conocer por Ciro Gomez Leyva en su muy escuchado programa matutino, el ex analista político decía que si no se llevaban a cabo su estrategia de alianzas, él renunciaba al PRD. 
El golpe sería fatal para el partido. Pudo haberlo sido. Basave pudo regalarle una lección de ética al partido que preside. No lo hizo. Pero su carta de renuncia queda ahí y en ella las serias acusaciones que él hace: “segmentos del partido que obedecen los dictados de Bucareli”, “gobiernos del PRD con corruptelas que todo el mundo ve”, “una pugna de tribus mas atroz de lo que se percibe”, “el mayor partido de la izquierda en ruta al abismo”. El diagnostico de Basave tendría un peso moral de haber renunciado. Pero no, optó por seguir presidiendo un cadáver. Está sería la segunda renuncia del presidente del PRD, que en los hechos, su palabra se va devaluando.
Mientras el partido de la izquierda en México seguirá sin estructura ideológica, como lo señala el doctor Meyer, pues para su supervivencia, sus militantes seguirán dependiendo del aparato y la jerarquía, un partido de izquierda lleno de asalariados burocratizados y no de activistas. Con una dirección nacional con sueldos de lujo, con prebendas, asistentes, choferes. Repartiendo cargos de elección popular, de administradores públicos en términos de cuotas. Convirtiendo todo debate de ideas en un debate de posibilidades. No transitar por la izquierda, el centro es mas cómodo. Declarando abolido el trabajo de formación teórica y política. Aceptando pragmáticamente cualquier alianza que garantice el gozo de la dirección nacional en el presupuesto. Abandonando toda lucha social y aborreciendo la radicalidad. Expandiendo la idea de que la corrupción es un mal del sistema y por lo tanto, hay que aprovecharse de ello. Y sobre todo, procurando no ver al pasado o hablar mucho sobre el pasado, que sí no se habla, la desmemoria hará su trabajo. 
Por cerca de 105 años, los mexicanos, por primera vez, no tenemos ya un partido de izquierda.

Publicar un comentario Blogger

 
Top