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* Ante la Asociación de Empresarios Católicos, a quienes recibió en audiencia, el pontífice quiso reflexionar sobre tres retos que deben asumir: “el reto de usar bien el dinero, el reto de la honestidad y el reto de la fraternidad”

El Papa Francisco en audiencia con miembros de la Asociación de Empresarios Católicos. Foto de L'Osservatore Romano.

Redacción | viernes 18 de noviembre de 2016

Vaticano, (ACI). El Papa Francisco hizo el 17 de noviembre una dura condena contra la corrupción, indicando que es la peor plaga social, esclaviza al hombre y le convierte en adorador del “dios” dinero y seguidor del diablo.

En su discurso a miembros de la Asociación de Empresarios Católicos, a los que recibió en audiencia en el Palacio Apostólico, el Papa quiso reflexionar sobre tres retos que deben asumir: “el reto de usar bien el dinero, el reto de la honestidad y el reto de la fraternidad”, publicó la agencia ACI.

Sobre el primero, el Papa señaló que “el dinero debe ‘servir’, en vez de ‘gobernar’. El dinero es solo un instrumento técnico de intermediación, de comparación de valores y derechos, de cumplimiento de las obligaciones y de ahorro. Como toda técnica, el dinero no tiene un valor neutro, sino que adquiere valor según la finalidad y las circunstancias en que se usa”.

Para el Papa, “cuando se afirma la neutralidad del dinero, se está cayendo en su poder. Las empresas no deben existir para ganar dinero, aunque el dinero sirva para medir su funcionamiento. Las empresas existen para servir”.

En este sentido, el Santo Padre hizo hincapié en la urgencia de “recuperar el sentido social de la actividad financiera y bancaria, con la mejor inteligencia e inventiva de los empresarios”. Esto “supone asumir el riesgo de complicarse la vida teniendo que renunciar a ciertas ganancias económicas”.

“El crédito debe ser accesible para la vivienda de las familias –explicó Francisco–, para las pequeñas y medianas empresas, para los campesinos, para las actividades educativas, especialmente a nivel primario, para la sanidad general, para el mejoramiento y la integración de los núcleos urbanos más pobres”.

Por el contrario, “una lógica crematística del mercado hace que el crédito sea más accesible y más barato para quien posee más recursos; y más caro y difícil para quien tiene menos, hasta el punto de dejar las franjas más pobres de la población en manos de usureros sin escrúpulos”.

“De igual modo –continuó–, a nivel internacional, el financiamiento de los países más pobres se convierte fácilmente en una actividad usurera. Este es uno de los grandes desafíos para el sector empresarial y para los economistas en general, que está llamado a conseguir un flujo estable y suficiente de crédito que no excluya a ninguno y que pueda ser amortizable en condiciones justas y accesibles”.

El Papa añadió que la intervención del Estado también es necesaria “para proteger ciertos bienes colectivos y asegurar la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales”.

La corrupción es la peor plaga social

En cuanto al reto de la honestidad, el Papa condenó la corrupción. “La corrupción es la peor plaga social. Es la mentira de buscar el provecho personal o del propio grupo bajo las apariencias de un servicio a la sociedad. Es la destrucción del tejido social bajo las apariencias del cumplimiento de la ley. Es la ley de la selva disfrazada de aparente racionalidad social. Es el engaño y la explotación de los más débiles o menos informados. Es el más craso egoísmo, oculto detrás de una aparente generosidad”.

Francisco indicó que “la corrupción está generada por la adoración del dinero y vuelve al corrupto prisionero de esa misma adoración. La corrupción es un fraude a la democracia, y abre las puertas a otros males terribles como la droga, la prostitución y la trata de personas, la esclavitud, el comercio de órganos, el tráfico de armas, etcétera. La corrupción es hacerse seguidor del diablo, padre de la mentira”.

“Una de las condiciones necesarias para el progreso social es la ausencia de corrupción”, insistió. “Puede suceder que los empresarios se vean tentados a ceder a los intentos de chantaje o de extorsión, justificándose con el pensamiento de salvar la empresa y su comunidad de trabajadores, o pensando que así harán crecer la empresa y que un día podrán librarse de esa plaga”.

Además, “puede ocurrir que caigan en la tentación de pensar que se trata de algo que todos hacen, y que pequeños actos de corrupción destinados a obtener pequeñas ventajas no tienen mayor importancia. Cualquier intento de corrupción, activa o pasiva, es comenzar a adorar al dios dinero”.






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