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23/08/1928 - 05/04/1997

Demetrio Vallejo, Ramiro Bautista y Heberto Castillo. Foto Archivo/EEPM

Lunes 3 de abril de 2017

No se equivocó Heberto Castillo cuando, al salir de la cárcel en 1971, se dedicó a recorrer el país, junto con otros luchadores sociales, con la intención de formar un partido político de auténtica oposición.

     Heberto purgó condena de mil días, en el Palacio Negro de Lecumberri, por su participación en el Movimiento Estudiantil de 1968, que culminó, trágicamente, con la matanza del 2 de octubre en Tlatelolco.

     Pero Heberto Castillo, veracruzano de origen, ingeniero de profesión y revolucionario por convicción, era un hombre sin dobleces, que sufrió la persecución y la cárcel, y su vida siempre estuvo en peligro por sus convicciones, ya que, su principal cualidad, era la congruencia y, entre muchas de sus ideas, estaba la de ver, más por los demás, que por uno mismo, y utilizar el pensamiento científico como guía de acción.

     Heberto consideraba que, a los universitarios, les tocaba definir el rumbo, con el estudio y el análisis de la realidad, y compartirlos con los trabajadores, hasta volverlos programas de acción, Para eso era necesario formar un partido político, “capaz de conducir a los explotados en su histórica lucha contra sus explotadores”.

     Fue así como, en 1974, se constituyó el Partido Mexicano de los Trabajadores, “un partido nacido de la entraña del pueblo”, que se proponía, como principal objetivo, tomar el poder por todos los medios a su alcance y, entre otras cosas, postulaba la derogación del amparo en materia agraria y reformar la ley electoral vigente para permitir la participación de otras expresiones políticas.

     No se conformó con eso. Para trasmitir su pensamiento, Heberto escribía. Se calculan en miles los artículos que escribió en medios impresos como Excélsior, Proceso, El Universal y otros, además de ser profesor en la Universidad y el Politécnico; inventor, pintor, polemista, científico y cultivaba rosas en su jardín.

     Heberto nunca cedió a las tentaciones del poder y se resistió a las lisonjas de los gobernantes; soportó las traiciones, la cárcel y la tortura, y siempre trató de unificar a las distintas fuerzas de izquierda. Era un caballero, en toda la extensión de la palabra, además de ser un hombre de gran valentía.

El ingeniero, científico, político y catedrático Heberto Castillo Martínez durante una visita a Ecatepec, en 1988. Foto: Archivo Jorge Villa

     Me gustaría relatar dos pequeñas anécdotas, que lo pintan de cuerpo completo. PRIMERA:

     “Cuenta la leyenda que, en abril de 1959, cuando los Marines realizaron la invasión a Playa Girón, el General Lázaro Cárdenas anunció su decisión de viajar a Cuba e incorporase a la lucha por la defensa de la Isla.

    De inmediato, varios intelectuales identificados con la Izquierda, como Enrique González Pedrero y Víctor Flores Olea, entre otros, intentaron prestigiarse y declararon a la prensa que se sumarían a la causa del General Cárdenas y lo acompañarían en su misión.

     Sin embargo, el día que el expresidente Cárdenas se encontraba en el aeropuerto, esperando un vuelo que lo trasladaría a La Habana, estos intelectuales se presentaron, pero a despedirlo y desearle buena suerte.

     Poco más tarde, llegó Heberto Castillo, y el General Cárdenas le preguntó:

-¿Qué, Heberto, tú también vienes a despedirme?

-No, general -dijo Heberto-, yo me voy con usted, si no tiene inconveniente.

SEGUNDA:

-Si te agarran, te van a matar –me dijo el General Cárdenas.

-Trataré que no me agarren.

-¿Qué fuerza te apoya? -dijo. Estás solo. No hay organización. Podrías salir del país; esperar un tiempo fuera.  

-No general –le dije-, me quedo. No tengo fuerza, pero tengo la razón. Es importante que, quienes nos apoyaron en el Movimiento, sepan que seguimos aquí, luchando.

-Otros fueron al exilio sin desdoro alguno –dijo.

-Lo sé, general - le dije. Y los respeto, pero yo me quedo.

-Como quieras –me dijo. ¿Cuándo puedo aclarar las cosas y decir que no estás en mi casa?

 -Cuando usted diga, general.

 -¿Te parece bien el 6 de enero?

 -Sí, señor. ¿No es probable un golpe de Estado?

 -No.

 -Después de lo de Tlatelolco, García Barragán hizo declaraciones como de titular del Ejecutivo. ¿No se animará a tomar el poder?

 -No lo creo, pero si ocurriera, tú sabes, y ellos también, que habemos soldados que defenderemos las instituciones.

      Me dio un abrazo y me dijo:

 -Cuídate.

     Tres meses anduve a salto de mata. En abril, una de las casas que me había dado asilo, fue asaltada por la Federal de Seguridad. Quince días después, en mayo de 1969, mi refugio en Reforma 10 fue tomado militarmente, emplazando ametralladoras de tripié en las calles. Pude saltar por la barda posterior de la pequeña casa que ocupaba, pero una parte de ella se derrumbó y la polvareda me delató. Una brownie se apoyó en mi sien, hubo golpes, gritos, un mulato casi me arrancó el brazo al echármelo a la espalda, y Miguel Nassar Haro mostró su satisfacción jalándome las barbas, y dijo:

-Heberto Castillo, ¿verdad?
SI TE AGARRAN, TE VAN A MATAR.

eliosedmundo@hotmail.com



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