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“El mejor referente que pudieron tener el Canal 34 y el Canal 22, para su creación y desarrollo, fue el trabajo realizado por el Canal 11; lo decimos porque si querían permanecer al aire, lo mínimo que debían ofrecer era algo similar o mejor que el Once.”


VILLA-TV

por Ciber V.V.


Publicado: jueves 14 de agosto de 2014

Siendo la televisión el tema de esta colaboración, no podemos pasar por alto ni dejar de festejar el 55 aniversario del Canal 11, ese que nos ha salvado muchísimas veces, como parte de los televidentes inconformes con la programación invariable, que invariablemente, válgase ampliamente la redundancia, nos endilga el duopolio privado de Televisa y TV-Azteca, ofreciéndonos una alternativa decisiva. Para el caso, una realmente comprometida con la difusión y extensión del conocimiento, el arte y la cultura de México y del mundo, enmarcada en el particular y exitoso espacio de la educación superior, que es el Instituto Politécnico Nacional. La señal XEIPN del Canal Once del Distrito Federal comenzó a transmitir a partir del 2 de marzo de 1959, desde las instalaciones del Casco de Santo Tomás del “Poli”, como la mayoría llamamos al Instituto. Pero también es preciso decir, que a lo largo de todos estos años, el proyecto ha resistido estoicamente el embate de la desleal competencia comercial; estuvo solo durante años, tratando de mantener su propuesta como una buena opción sin los suficientes recursos.

Llamaba nuestra atención que para lograrlo haya empleando una táctica en desuso: mejorar la calidad. Pero obviábamos que esa es una de las diferencias básicas entre la oferta privada y la pública, pues mientras la primera tiene como objetivo primario la realización y la compra-venta de productos audiovisuales al precio más bajo para extraerles la mayor ganancia, la segunda se sustrae del mercado por el uso social de sus siempre escasos recursos. El Canal 11 cuida a su tele auditorio antes que nada y siempre que puede, incluyendo en el diseño y selección de su programación trabajos inteligentes e interesantes tanto locales como universales, al igual que útiles, creativos, divertidos y originales, lo que al tiempo se procura en la producción casera. Suponemos que la concepción que diferenció al Canal Once y permitió la aventura, fue la idea de que la TV podía educar, no sólo entretener; pero que después transito a la certeza de que el entretenimiento tenía un gran potencial educativo, por lo que sus producciones atendieron en especial la calidad en la relación lúdica con la información del contenido del mensaje.

El mejor referente que pudieron tener el Canal 34 y el Canal 22, para su creación y desarrollo, fue el trabajo realizado por el Canal 11; lo decimos porque si querían permanecer al aire, lo mínimo que debían ofrecer era algo similar o mejor que el Once. Esto no se ha logrado y el Canal mantiene una vanguardia no alcanzada por ninguna otra propuesta de la televisión abierta cultural y educativa; ha destacado en México y el extranjero de forma notable. Los premios y reconocimientos que año con año nos da a conocer, demuestran el valor que su oferta ha adquirido dentro y fuera de nuestras fronteras. “Once Niños” -la así llamada sección dirigida al público infantil- es el mejor ejemplo de la riqueza que en contenidos y tratamiento de éstos se puede desarrollar para conseguir la atención de la niñez; sector difícil de convencer al que pocos consideran inteligente, sensible y deliberante. 

La proyección de cientos de excelsas producciones inglesas, francesas, alemanas, rusas o estadounidenses sobre su historia o riquezas culturales y de vida, o sobre otras naciones como las africanas, asiáticas y orientales, ha permitido un conocimiento poco accesible al televidente común. Para los dueños de los canales comerciales, éste no puede ser sino ignorante, flojo y acrítico, características que justifican imponerle ver lo que ellos quieran. Y para tomar distancia de esa línea, no haremos suponer a nuestros lectores que todo en el Canal Once se ha decidido y establecido con autonomía e independencia; tuvo secciones aburridas, simples y acartonadas, fue el canal del Estado y durante un tiempo considerable manejo un fuerte perfil oficial frente al teleespectador. Con frecuencia se transmitían discursos o eventos de gobierno, así como entrevistas a políticos y líderes partidarios, con la clara intención de favorecer la opinión de determinadas acciones de los candidatos del partido en el poder y descalificar las de la oposición. 

Pero a pesar de la diferente y nueva legitimidad que la línea editorial de sus noticieros se ha ganado, destacamos la necesidad de que se revisen sus contenidos, como Sergio Aguayo certeramente lo sugirió en la última emisión de “Primer Plano”. Otro aspecto que no convence de la producción de casa -como en las de todo el mundo- es la tendencia a copiar, a repetir, y hasta a plagiar realizaciones externas que han tenido buenos resultados; no es lo deseable, sobre todo si no les sale bien, pero tampoco porque provoca comparaciones innecesarias. Lo innegable es que el Canal Once fue pionero en el sector, si tomamos en cuenta que la transmisión inaugural de la televisión en el país tenía apenas nueve años. En 1950 fue cuando el presidente Miguel Alemán lo consignó en su informe de gobierno. Es un medio que ha hecho historia en la televisión nacional y que merece ampliamente las felicitaciones de todos sus afortunados televidentes. Nosotros hacemos lo correspondiente congratulándonos de formar parte de la once-audiencia.


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