"El mundo se debate entre guerras bélicas, económicas, políticas, ideológicas, raciales y de todo signo que han cobrada miles de vidas humanas, desplazamientos, desintegración de familias, encarcelamientos ilegales, destrucción, ataques letales por presunciones delictivas y sin bases jurídicas..."
OPINIÓN
COMENTARIO A TIEMPO
Por Teodoro Rentería
Arróyave
Jueves 21 de mayo de 2026
El mundo se debate entre guerras bélicas, económicas,
políticas, ideológicas, raciales y de todo signo que han cobrada miles de vidas
humanas, desplazamientos, desintegración de familias, encarcelamientos
ilegales, destrucción, ataques letales por presunciones delictivas y sin bases
jurídicas, todo esto ordenado por un sólo personaje, Donald Trump, mientras ese
ambiente de horror se recrudece en el día a día, ese hombre que se define como
el más poderoso del mundo se regodea con su frivolidad number one; el salón de
baile de la Casa Blanca que según su descripción será el más lujoso jamás
construido en la historia de la humanidad.
La plataforma “msn” nos ha traído la narrativa de la
conferencia de prensa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump que dispensó
ante el “elefante blanco” en construcción y que será parte del conjunto de la
Casa Blanca, la histórica residencia de los presidentes de la unión
norteamericana que ha titulado como “Un delirio febril”.
La historia es una traducción de Sara Pignatiello The
Independent para la publicación hermana, The Independent en Español, obvio que
esta es una síntesis de la larga nota que se inicia con las siguientes
referencias históricas:
“Cada presidente de Estados Unidos ha abordado las crisis -o
sus crisis- de manera diferente. En medio de la escalada de la guerra de
Vietnam, Lyndon B. Johnson habló de su país como “guardián de la democracia”,
con un sentido de obligación forzado. Tras el 11-S, George W. Bush habló de
terroristas que sacudían los cimientos de los edificios, pero que jamás
“sacudirían los cimientos de Estados Unidos”.
“Ambos líderes utilizaron su retórica para justificar actos
muy malos e injustos, pero al menos los llevaron a cabo fingiendo tener decoro.
Quienes escuchaban sus discursos percibían que se tomaban la situación en serio
e intentaban comprenderla”.
“Y luego está Donald J. Trump -continúa- quien hoy, tras
lanzar más amenazas a Irán, convocó una rueda de prensa improvisada que se
desarrolló como un delirio febril. ¿Se trataba de Medio Oriente, de Cuba, o
quizás de las relaciones con China tras la visita de Estado de la semana pasada
a Xi Jinping? Se preguntaban los reporteros. ¡Ni hablar! Se trataba, por
supuesto, del salón de baile.
“Sí, el salón de baile. El presidente se dirigió a la nación
desde la obra en construcción de su flamante espacio para eventos en la Casa
Blanca, un salón financiado en parte con fondos públicos y en parte con
inversión privada, con escasa o nula transparencia, que según los expertos
podría costar a los estadounidenses más de mil millones de dólares. Menos mal,
entonces, que tienen dinero de sobra y no están despilfarrando millones cada
día en una guerra inútil, geopolíticamente imprudente y económicamente
devastadora en Medio Oriente.
Así que ahí estaba Trump, hablando absurdamente por encima
del ruido de los taladros y las excavadoras, haciendo comentarios sobre la
altura que finalmente tendría el salón de baile.
Las cadenas de televisión dejaron de transmitir la
comparecencia del fiscal general interino -el antiguo abogado personal de
Trump, Todd Blanche- ante el Senado sobre el presupuesto de 2027 debido al
repentino anuncio del presidente sobre este grupo de personas. Y cuando las
cámaras enfocaron a Donald, estaba hablando de logística”. Obvio, la “logística
de la construcción”.
Señaló con un gesto dónde se ubicaría la fachada del salón
de baile ante un pequeño grupo de periodistas de la Casa Blanca, y añadió que
jamás habría otro edificio tan grandioso como este, y que él lo sabía bien, puesto
que había construido muchísimos a lo largo de su carrera. El salón de baile
tendrá un techo plano de acero, a prueba de drones, dijo Trump, con la voz
apenas audible por encima del ruido de las sierras eléctricas.
“Aquí abajo se pueden ver las enormes tuberías y otras cosas; es un edificio muy complejo”, continuó, señalando hacia abajo, donde los trabajadores con chalecos reflectantes recorrían la obra con sus herramientas. Mientras tanto, la audiencia del Senado seguía su curso.
A los 12 minutos, un reportero gritó una pregunta por encima
del creciente sonido de los martillos, cuestionando por qué el Congreso estaba
aprobando fondos para el edificio cuando el presidente inicialmente dijo que se
pagaría “de su propio bolsillo”. Sin inmutarse contestó: “El Congreso está
destinando fondos para seguridad. Es posible que parte de ese dinero se destine
aquí para seguridad adicional, no lo sé”, replicó Trump mientras continuaban
los golpes de martillo.
Al seguir con la descripción de la obra, otro reportero
interrumpió los chistes sobre su figura para preguntarle si pensaba hacer un
trato con Cuba. “Oh, sí, creo que sí”, respondió rápidamente, con la enorme
fotografía del salón de baile aún en sus manos, una clara muestra visual de sus
prioridades.
Tardó más de 40 minutos en llegar a Irán, donde las
preguntas sobre los precios de la gasolina y los problemas del mercado de
valores llevaron a la vieja y conocida afirmación de la Administración Trump:
que Irán tenga un arma nuclear es peor que cualquier otra cosa que pudiera
suceder. Dijo que se alegraba de que “todos pudieran soportar [la situación] un
tiempo”, y, por cierto, hay petróleo en todo el mundo, incluso en Alaska.
A los 45 minutos, se desahogó sobre cómo supuestamente había
transformado la sanidad estadounidense, terminando con: “Miren: vayan a
desayunar, pásenlo bien. La próxima vez que vengan, esas columnas estarán aún
más altas”. Se oyó un fuerte estruendo en la planta baja cuando añadió que la
“parte inferior” del edificio era “más compleja que la superior”. Puede que la
inflación sea alta, que la situación en Medio Oriente sea inestable, que las
normas constitucionales se estén derrumbando, pero ¿han visto los cimientos de
seis pisos del nuevo salón de baile? Es LA FRIVOLIDAD NUMBER ONE DE TRUMP y
nada más.
Periodista y escritor; presidente del Colegio Nacional de Licenciados
en Periodismo, CONALIPE; secretario de Desarrollo Social de la Federes ación
Latinoamericana de Periodistas, FELAP; presidente fundador y vitalicio
honorario de la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos, FAPERMEX,
Doctor Honoris Causa por la Universidad Internacional, Académico de Número y
director de Comunicación de la Academia Nacional de Historia y Geografía, ANHG.
Agradeceré sus comentarios y críticas en teodororenteriaa@gmail.com Nos
escuchamos en las frecuencias en toda la República de Libertas Radio. Le
invitamos a visitar: www.felap.info, www.ciap-felap.org, www.fapermex.org, y el portal: www.irradianoticias.com
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