En esta nueva sociedad digital todos somos potencialmente emisores. Esa democratización de la comunicación es uno de los grandes cambios de nuestro tiempo, afirma en su profundo análisis, el reconocido comunicólogo, docente y experto en la materia, Iñaki Alzugaray Arregui que titula: “Influencers vs. Periodistas...”
OPINIÓN
COMENTARIO A TIEMPO
Por Teodoro Rentería Arróyave
Martes 6 de octubre de 2026
CUERNAVACA, MORELOS. En esta nueva sociedad digital todos somos potencialmente
emisores. Esa democratización de la comunicación es uno de los grandes cambios
de nuestro tiempo, afirma en su profundo análisis, el reconocido comunicólogo,
docente y experto en la materia, Iñaki Alzugaray Arregui que titula:
“Influencers vs. Periodistas”
Para mayor comprensión va el artículo del gran amigo y colega, Iñaki Alzugaray:
“Durante años, para llegar a miles de personas era necesario trabajar en un
periódico, una estación de radio o en un canal de televisión. Las redes
sociales cambiaron por completo esa lógica. Hoy una persona con un teléfono
puede tener una audiencia superior a la de muchos medios tradicionales. Pero
una gran audiencia no convierte automáticamente a alguien en periodista.
Los influencers han desarrollado una extraordinaria capacidad para comunicarse
con sus seguidores. Entienden los códigos digitales, hablan directamente a la
cámara, generan cercanía y saben cómo captar la atención. Su influencia es real
y sería absurdo minimizarla.
El problema surge cuando confundimos influencia con información y popularidad
con credibilidad. El periodismo no es simplemente contar algo que ocurrió. Es
un método de trabajo.
Implica comprobar datos, consultar fuentes, contrastar versiones, investigar
antecedentes y ofrecer contexto. También significa distinguir claramente entre
información, opinión y publicidad. Un periodista puede equivocarse, por
supuesto, pero debería existir detrás de su trabajo un proceso destinado
precisamente a reducir esa posibilidad.
En las redes sociales ese filtro muchas veces no existe. Alguien escucha un
rumor, graba un video y en pocos minutos puede llegar a cientos de miles de
personas. Si el mensaje resulta sorprendente, indignante o polémico, el
algoritmo puede multiplicar todavía más su alcance. La información falsa tiene
entonces una ventaja peligrosa: no necesita ser cierta para convertirse en
viral.
Además, buena parte de la economía de los influencers depende de patrocinios,
recomendaciones comerciales y acuerdos con marcas. Nada hay de incorrecto en
ello mientras exista transparencia. El problema aparece cuando la audiencia no
puede distinguir con claridad entre una opinión espontánea, una recomendación
genuina y un mensaje pagado.
Sin embargo, tampoco sería justo colocar automáticamente al periodismo del lado
de la verdad. Los medios también cometen errores, persiguen audiencia, mezclan
información con espectáculo y, en ocasiones, sacrifican rigor por obtener una
exclusiva o un clic.
La diferencia fundamental, por tanto, no debería establecerse entre periodistas
e influencers, sino entre quienes utilizan procedimientos periodísticos y
quienes simplemente comunican.
En esta nueva sociedad digital todos somos potencialmente emisores. Podemos
publicar una fotografía, denunciar un hecho, transmitir en vivo o expresar una
opinión ante miles de personas. Esa democratización de la comunicación es uno
de los grandes cambios de nuestro tiempo.
Pero precisamente porque cualquiera puede publicar, el ciudadano necesita
desarrollar una nueva habilidad: aprender a preguntarse quién está detrás de
cada información, cuáles son sus fuentes y qué evidencias presenta.
Un millón de seguidores demuestra capacidad de convocatoria. No demuestra que
lo que se dice sea verdad. La popularidad se mide en seguidores. La
credibilidad, en cambio, se construye con rigor, transparencia y tiempo.
A todo lo anterior, agrego la opinión, también muy certera al artículo de Iñaki
Alzugaray, de mis colegas cofrades en la Academia Nacional de Historia y
Geografía, ANHG, María Elena Carrillo Toxtle y Alejandro Dosal Luce, vicepresidente:
“Un periodista tiene formación académica para empezar y experiencia en campo,
vive las noticias generalmente en carne propia arriesgando hasta la vida en
muchas ocasiones como se ha visto en los últimos años.
“Los influencers, la mayoría son volátiles y se cuelgan de la fama de otros
para hacerse populares”.
Periodista y escritor; presidente del Colegio Nacional de Licenciados en
Periodismo, CONALIPE; presidente de honor de la Federación Latinoamericana de
Periodistas, FELAP; presidente fundador y vitalicio honorario de la Federación
de Asociaciones de Periodistas Mexicanos, FAPERMEX, Doctor Honoris Causa por la
Universidad Internacional, Académico de Número y director de Comunicación de la
Academia Nacional de Historia y Geografía, ANHG. Agradeceré sus comentarios y
críticas en teodororenteriaa@gmail.com
Nos escuchamos en las frecuencias en toda la República de Libertas Radio. Le
invitamos a visitar: www.felap.info,
www.ciap-felap.org, www.fapermex.org, y el portal: www.irradianoticias.com
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