La terrible y dramática realidad en la que sobreviven los periodistas en Oaxaca, estado histórico, culto y con tradiciones indígenas invaluables, ubicado al sur de México, es denunciada en un dramático video por el colega, Horacio Corro Espinosa quien además, es un reconocido escultor, pintor y dibujante, autor de las esculturas en libros con respeto absoluto a las líneas de la escritura.
OPINIÓN
COMENTARIO A TIEMPO
Por Teodoro Rentería Arróyave
Viernes 23 de octubre de 2026
La terrible y dramática realidad en la que sobreviven los periodistas en
Oaxaca, estado histórico, culto y con tradiciones indígenas invaluables,
ubicado al sur de México, es denunciada en un dramático video por el colega,
Horacio Corro Espinosa quien además, es un reconocido escultor, pintor y
dibujante, autor de las esculturas en libros con respeto absoluto a las líneas
de la escritura.
A continuación, para los efectos de esta entrega, hemos decidido, con el
permiso del maestro, presentarlo en versión escrita y grabada, y desde luego
envíar el video para los interesados que quieran abrirlo. Va:
“El 22 de julio de este año, hace tres meses, Francisco Alejandro Leyva Aguilar
comía en un puesto de La Esmeralda, en San Pablo Etla, Oaxaca. Tenía sesenta
años. Llevaba casi treinta ejerciendo el periodismo.
Horas antes había publicado su columna “El Zumbido del Moscardón”, donde
criticaba al gobernador Salomón Jara Cruz y a su círculo. Unos hombres en motocicleta llegaron hasta donde él estaba y le dispararon.
Murió ahí.
Un año antes había denunciado amenazas de muerte ante la Defensoría de los
Derechos Humanos de Oaxaca. Las vinculó a -Trapitos al Sol-, una sección de las
conferencias del gobernador donde se señalaba a periodistas incómodos. Leyva
Aguilar ganó el Premio Nacional de Periodismo “Ricardo Flores Magón” en 2024.
Nada de eso lo protegió.
Lo que le pasó no es un caso aislado. Es un eslabón más de una cadena que en
Oaxaca lleva 13 años sin romperse.
En 2013, Alberto López Bello, reportero de la fuente policiaca de “El
Imparcial”, apareció golpeado y baleado en Trinidad de Viguera, junto a la
ciudad de Oaxaca. Tenía veintiocho años. Dos meses antes la policía lo detuvo
por fotografiar una narcomanta.
En 2015, Filadelfo Sánchez Sarmiento, conductor del noticiero de Radio La
Favorita, fue acribillado afuera de la emisora, en Miahuatlán de Porfirio Díaz.
En 2019, Telésforo Santiago Enríquez, director de “Estéreo Cafetal”, fue
asesinado a tiros en Santiago Lachiguiri. Cubría conflictos por tierras y
proyectos extractivos.
En 2021, Gustavo Sánchez Cabrera, fundador del portal “Noticias de la Cuenca”,
fue emboscado cerca de Tepelmeme, en la Mixteca. En 2022, Heber López Vázquez,
director del portal “NoticiasWeb”, fue asesinado en Salina Cruz.
En 2024, Samuel López, locutor de “BBM Noticias” y de “Brava Radio”, en
Tehuantepec, fue asesinado. Las autoridades no determinaron un vínculo con su
trabajo periodístico. Que no lo hayan determinado no significa que no exista”.
Y ahora, otro nombre: Hamurabi Sinclair Huesca Manzano, director de “Pinotepa
Comunica”, fue asesinado el 9 de octubre en Santiago Pinotepa Nacional. Según
la versión oficial, lo alcanzaron los disparos de un ataque dirigido contra
otra persona. Era periodista y taxista. Los dos son trabajos dignos. Ninguno
debería servir para minimizar su muerte ni para descartar una posible relación
con su labor informativa. Su asesinato exige una indagatoria que no descarte el
periodismo como línea y que identifique a los responsables.
Ocho casos en trece años en cinco regiones de Oaxaca: Sierra Sur, Istmo,
Mixteca, Valles Centrales y Costa. Y un dato que los une más que la geografía:
la impunidad.
La Fiscalía General de la República atrajo el caso de Leyva Aguilar. Pero si la
historia sirve de indicador, el expediente seguirá el mismo camino que los
anteriores: la carpeta se abre, las líneas se multiplican en el papel y el
silencio lo devora todo. Mientras no haya resultados, la pregunta sigue en pie:
¿de qué sirve atraer una investigación si la justicia nunca llega?
En 2022, yo recibí amenazas que me obligaron a dejar de escribir sobre
corrupción en Oaxaca. Conozco el peso de ese silencio. Y conozco la lección que
enseña cada expediente sin resolver: en Oaxaca, matar a un periodista no tiene
consecuencia alguna. Matar al mensajero se ha convertido en política editorial.
(Gracias a mis compañeros periodistas: Froylán Méndez Ferrer, y Said Hernández,
por sus archivos).
Denuncia cruda por dolorosa, periodistas asesinados en Oaxaca, como sucede en
todo el país desde 1983 a la fecha, que suman de acuerdo con nuestro Monitoreo
Permanente de los Asesinatos y Desapariciones Forzadas de Periodistas, 412
asesinatos, de los cuales han sido víctimas: 350 periodistas; 9 locutores; 16
trabajadores de prensa; 19 familiares y 13 amigos de comunicadores; 2 civiles,
y 3 escoltas. Y son 28 desapariciones forzadas sin aclarar. Crímenes todos que
yacen en la vergonzosa impunidad. Pueden matar al mensajero pero nunca al
periodismo.
Periodista y escritor; presidente del Colegio Nacional de Licenciados en
Periodismo, CONALIPE; presidente de honor de la Federación Latinoamericana de
Periodistas, FELAP; presidente fundador y vitalicio honorario de la Federación
de Asociaciones de Periodistas Mexicanos, FAPERMEX, Doctor Honoris Causa por la
Universidad Internacional, Académico de Número y director de Comunicación de la
Academia Nacional de Historia y Geografía, ANHG. Agradeceré sus comentarios y
críticas en teodororenteriaa@gmail.com Nos escuchamos en las frecuencias en
toda la República de Libertas Radio. Le invitamos a visitar: www.felap.info, www.ciap-felap.org, www.fapermex.org, y el
portal: www.irradianoticias.com
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