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"No lo han dicho, pero le declaración tomó de sorpresa al presidente municipal que se mantiene como una carta fuerte de la jefatura política para la sucesión del 2030 si no hay ajustes de última hora a la legislación electoral para el 2028, quien..."


OPINIÓN

Foto Vía Libre.

D E S L I N D E

v Alberto Witvrun

Diariovialibre.com.mx, (30 marzo, 2026).- Han transcurrido 20 días desde que el secretario de Seguridad Pública de Hidalgo Salvador Cruz Neri amago con retirarle el Mando Coordinado al gobierno municipal de Pachuca tras quejarse amargamente de que se había cansado de hablar con el secretario de seguridad capitalino Juan Manuel Ayala Guarro a quien impuso en ese cargo en el gobierno de Sergio Baños Rubio y mantuvo en el actual del morenista Jorge Alberto Reyes Hernández y todo indica que no se irá.

No lo han dicho, pero le declaración tomó de sorpresa al presidente municipal que se mantiene como una carta fuerte de la jefatura política para la sucesión del 2030 si no hay ajustes de última hora a la legislación electoral para el 2028, quien sin chocar frontalmente defendió a Ayala Guarro al decirse contento con lo realizado en materia de seguridad y emprendió acciones como la más reciente de entregar cinco patrullas más.

El problema central es que la descalificación de Salvador Cruz para Juan Manuel Ayala a quien le unía una amistad de años probada al formar equipo en por lo menos tres estados del país, tanto en las buenas como en las malas, se debe a que no le agradan las amistades logradas por su “viejo amigo” en su paso por el ayuntamiento pachuqueño con las le han visto compartir.

Pero en ese exabrupto para quienes lo conocen desde su época de Policía Federal de Caminos, no contempló a Reyes Hernández, generando una tensión innecesaria en el equipo del gobernador, por eso le bajaron el perfil a Ayala Guarro, ajustan estrategias en seguridad pública municipal para abarcar todos los cuadrantes y no dividirlo como hace meses lo hacían con la policía estatal a cargo de Juilo César Meléndez Coria.

El problema es que la seguridad pública sobre todo la de la capital, donde están asentados por poderes estatales, que generan una percepción estatal, no pueden estar sujetas a relaciones personales o al estado de ánimo de un encargado de despacho; lo cierto es que la sacudida al árbol ya da frutos, porque los que saben dicen que empieza a mejorar la seguridad en Pachuca y Ayala Guarro, sigue en su lugar. ©

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