Este tema se generó de su observación, percatándome incluso muy a mi pesar, de que muchas mujeres podemos ejercer mayor violencia en nuestras relaciones tanto como los hombres.
Por IVALÚ ÁVILA CARCAÑO
Jueves 2 de julio de 2026
En estas semanas al ver las notas informativas
encontramos noticias sobre el descuido de los hijos a manos de sus propios padres.
Durante muchos años al ser identificados con un género, sea mujer u hombre, se
les etiqueta sobre los roles hacia lo que es más “preferible”.
Y una pregunta, ¿realmente hay una brecha de género hoy
en nuestra sociedad mexiquense-mexicana?
Sé que podríamos no estar de acuerdo en lo que
compartiré, pero hay esa libertad de expresión con la que como mujer en este
momento cuento, producto de la conciencia de trabajar en la resolución de
problemas; de vivir y disfrutar de mis gustos e incluso de tener experiencias desastrosas
por mi propia libertad, con todo ello agradecida.
En esta colaboración, el objetivo se centra justo en
visibilizar que la violencia no tiene género. La violencia la cometemos todos. Bien sabemos que por su intensidad
y forma de exteriorizarla varían sus efectos tan diversos que dejan huella.
Este tema se generó de su observación, percatándome incluso muy a mi pesar, de
que muchas mujeres podemos ejercer mayor violencia en nuestras relaciones tanto
como los hombres.
Ahora bien, dentro de lo que me ha tocado ver y vivir,
señalo como unos de los tantos padres gestantes de la
“violencia” al miedo, rencor, odio y error.
MIEDO. De acuerdo con la Real Academia
Española (RAE), nos dice que tiene dos significados: 1)
Angustia por un riesgo o daño real o imaginario,
y 2) Recelo o
aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a
lo que desea.
Pero, cómo sería posible que el miedo genere violencia.
Porque la angustia de un futuro negativo y fastuoso nos lleva a actuar de
manera impulsiva, sin prever riesgos y responsabilidades. En algunos casos,
ante una amenaza por ejemplo de que la pareja se lleve a nuestros hijos o
incluso de perder a la pareja, nos empuja a mentir o incluso a agredir
físicamente. En este sentido, una gran mayoría de agresiones familiares se suscita
de estos temores.
RENCOR. La RAE lo
define como: “Resentimiento arraigado y tenaz”, y de acuerdo con
Marina y López[1], “un sentimiento memorioso y
el cual se asocia al resentimiento que a su vez es un sentimiento generado de
un daño que no se olvida ni se venga pero que además tiene indignación e
impotencia”, esta emoción en la vida real destruye familias, parejas, y quizá
hasta empleados y patrones, pues alimenta la alienación en su contra, y es el
ánimo de la venganza y si se puede en compañía mejor.
Este sentir corrosivo, en los problemas de la vida diaria
se expresa en visibilizar lo mal padre o madre que creemos que el otro es, nos
ciega al grado de despojar de la dignidad, salud e incluso vida.
ODIO. El diccionario lo describe como:
“Antipatía y aversión hacia algo o alguien cuyo mal se desea”. Sin duda, el
primer acto de odio según la religión se materializa en Caín y Abel, sus
derivados son la homofobia, misantropía, misoginia, misoneísmo, xenofobia,
zoofobia, y ampliándose esa lista, no podemos medirlo, y se puede convertir en
un mal sano deseo, sin duda es el espíritu de los homicidio pasionales, o hasta
por la herencia no repartida y/o mal repartida, no hay duda de que es el ánimo
de las acciones negativas.
ERROR. Su
contenido: “Concepto equivocado o juicio falso” y para la materia del Derecho:
“Vicio del consentimiento”. Este aspecto es un padre (gestante) que no se cultiva y a partir de este
desconocimiento de la realidad, genera confusión y desconocimiento en quien la
padece: hace años observé como este aspecto fue generando resentimiento en los
integrantes de una familia. Érase un padre de familia para quien la primaria
oficial a la que asistían sus menores hijos debía ser autosuficiente, al
ingreso del ciclo escolar decide no cooperar con ningún gasto, motivando su
actuar el Artículo 3º constitucional que expresa que la educación es gratuita y
cualquier aportación es ilegal e inconstitucional. Al ser un padre de familia
férreo y con mucha decisión es una figura ejemplar para sus hijos quienes
desafortunadamente al no colaborar con materiales que colaboraran en copias
fotostáticas y otros recursos didácticos, se vieron excluidos de actividades y
con el paso de los años se generó un rencor hacia los otros sintiendo
injusticia en su trato. Las ideas fijas sobre la realidad nos pueden jugar una
mala pasada y generar resentimientos a causa de ello.
En esta ocasión valdría la pena cuestionarnos sobre si
nosotros mismos hemos sido generadores de violencia analizando si alguna vez
hemos sentido estas emociones y concientizar si tenemos la voluntad de no
sucumbir ante ellas. ©
ra
[1] Marina, J.A.
& López, M. “Diccionario de los sentimientos”, ANAGRAMA, 1ª Ed. Mexicana,
2013. Pág. 185-186.

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