Reconozco que el pueblo cubano que se corresponde con otras naciones como el de México, tiene la virtud de reírse en la tragedia para superarla, por ello ahora cedo este espacio, como lo hemos acostumbrado desde hace muchos ayeres, al respetado y reconocido colega, Ricardo Ronquillo Bello, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba, UPC, al reproducir su artículo que se titula como se ilustra esta entrega, va:
OPINIÓN
COMENTARIO A TIEMPO
Por Teodoro Rentería
Arróyave
Miércoles 22 de julio de 2026
LA SANTÍSIMA TRINIDAD, DOLORES HIDALGO, GUANAJUATO.
Reconozco que el pueblo cubano que se corresponde con otras naciones como el de
México, tiene la virtud de reírse en la tragedia para superarla, por ello ahora
cedo este espacio, como lo hemos acostumbrado desde hace muchos ayeres, al
respetado y reconocido colega, Ricardo Ronquillo Bello, presidente de la Unión
de Periodistas de Cuba, UPC, al reproducir su artículo que se titula como se
ilustra esta entrega, va:
“Quien vive presta’o…, muere regala’o…, asegura un dicho muy
cubano, más usado para los sacrificios cotidianos que para la política, aunque
no hay nada más cotidiano en estas vaporosas horas que esa última.
En ello pensaba mientras representantes de más de 60 países
fueron convocados por los “genios malévolos’ del neofascismo, como quien
requiere de un ‘sium» político’, porque el fantasma del comunismo reaparece y
amenaza con arrasar la vida eterna y plácida del capitalismo.
La cita terminó siendo famosa por las diez mentiras de Marco
Rubio, quien, más que un secretario de Estado yanqui parecía haber reencarnado,
en su discurso, en un mutante a la Inteligencia Artificial, IA, de Hitler y
Mussolini.
Lo que pocos descubren bajo los fuegos de pirotecnia
electorera y sus teorías conspirativas es que, en realidad, más que una amenaza
real de los extremismos de izquierda, lo que ocurre hace tiempo, sobre todo
tras la enorme crisis humanitaria de la COVID-19, es que representantes del
capitalismo y del socialismo ‘toman prestados’ preceptos de ambas concepciones
para remerger y restaurarse.
Las más de 170 transformaciones -bastante sorprendentes para
los cánones en que funcionó el socialismo cubano-, ponen sobre la mesa la
propensión al ‘transformismo’ del socialismo, pero, un análisis más riguroso establecería
que el capitalismo no lo es menos. Y quienes así lo consideran no pueden ser
acusados de procomunistas, en el sentido en que lo blanden ahora Rubio o Trump.
Aturdidos por las muertes de la COVID-19, pasamos por alto
que, en lo político, a escala internacional, soplaban vientos de fronda, si se
trazaba un paralelo entre las famosas revueltas contra la monarquía en la
Francia regentada por Ana de Austria, tras la muerte del célebre cardenal
Richelieu, con la rebelión de las teorías de cambio que se esparcían en ese
mundo pandémico.
Las hipótesis transformistas iban de unos extremos a otros y
algunas prefiguraban un capitalismo rehabilitado de sus mañas y marañas.
Para algunos teóricos el coronavirus tendría para ese
sistema el mismo efecto alterador que la peste negra para el feudalismo. Esa
era la apuesta del periodista e intelectual británico Paul Mason, quien sostuvo
para BBC Mundo que el final de un modo de producción de un sistema económico
es, con frecuencia, una mezcla de sus debilidades internas, combinado con lo
que a menudo se llama shocks extremos o exógenos.
Creía Mason que la COVID-19, como la peste medieval, provocó
dos interrupciones al capitalismo como modelo: una económica y otra ideológica.
Al combinarse, ofrecen la sensación masiva de que el sistema no está
protegiendo y, en consecuencia, requiere ser removido.
Bajo otros argumentos parecidos, pensaba el renombrado
sociólogo norteamericano Jeremy Rifkin, quien alertaba sobre dos factores que
condujeron al drama humanitario de la COVID-19: el movimiento de personas y
especies alentado por el cambio climático y el acercamiento de la vida animal y
la humana, resultado de la emergencia climática, con lo cual los virus de ambas
especies se mueven juntos.
Afirmaba que ya nada volverá a ser normal después de esa
terrible pandemia, que veía como una alarma planetaria que acabaría solo si se
reconstruyeran las infraestructuras para vivir de modo diferente.
La lista de reparadores capitalistas es más larga. Se
integraba especialmente con Mariana Mazzucato, profesora de Economía de la
Innovación y el Valor Público de la University College London. La académica
opinaba por aquella fecha que la crisis pandémica era una oportunidad para
‘hacer un capitalismo diferente’. Asumía que el sistema podía reenfocarse hacia
un futuro innovador y sostenible que funcione para todos.
Hasta figuras como el Papa Francisco se vieron atraídas por
las estimaciones de la académica, al punto de expresar que ayudan a pensar el
futuro. Mazzucato apuntaba que no podemos volver a la normalidad, porque lo
normal es lo que nos metió no solo en este caos, sino también en las crisis
financiera y climática.
Al parecer llovió demasiado, desde que Francis Fukuyama
anunciara la teoría que lo lanzaría al estrellato, tras la caída del socialismo
en Europa del Este y la URSS.
Pese a reconocerse todavía como un defensor de los
anteriores presupuestos, Francis reconoció a BBC Mundo en el año 2019 que, en
muchos sentidos, ‘se ha movido hacia la izquierda’. Fundamentó ese inédito
saltito por un par de razones bastante buenas: ‘Creo que, en la década del 2000,
las dos grandes catástrofes fueron, primero la invasión estadounidense de Irak
y, luego, la crisis financiera. Ambas resultaron el subproducto de ideas
conservadoras que fueron llevadas al extremo y condujeron a resultados muy
malos’.
Agregó que la globalización en general ha tenido mucho éxito
en varios aspectos, en términos de reducir la pobreza en muchas partes del
mundo, pero también ha producido un mayor nivel de desigualdad en gran número
de países, incluso en Estados Unidos, por lo que requiere un ‘remedio`… Y aquí
viene la parte más sorprendente del diálogo, porque para Fukuyama dicho
‘remedio’ lo ofrece mejor hoy la izquierda que la derecha.
Lo cierto es que, lo reconozca o no este teórico, tantos
años después de la caída del Muro de Berlín, el capitalismo y sus entusiastas
tendrían muy poco que celebrar, a no ser su enorme capacidad de producción y
reproducción material y simbólica.
Pasado tanto tiempo tras la caída del famoso muro, y con
otros discutibles por levantarse, la gran pregunta actual sería: ¿Por qué el
capitalismo definitivamente no ha triunfado?
La interrogante se la hizo hasta una plataforma mediática
defensora de los valores del sistema, como la misma BBC Mundo, cuando publicó
un interesante artículo bajo esa pregunta.
En el texto, el filósofo político John Gray -no menos de
derecha y conocido por sus críticas al humanismo y el pensamiento utópico-,
lanzaba cubos de agua helada a los teóricos de la eternización del capitalismo.
En los próximos años, apuntó, la creencia de que las sociedades están
evolucionando hacia el capitalismo de mercado podría ser puesta a prueba.
Gray consideró entonces que el capitalismo había sobrevivido
la crisis financiera iniciada en 2007, y que no había razón para pensar que se
enfrenta a una perspectiva inminente de colapso global, pero infirió que
tampoco hay razón para suponer que reanudará su avance. En su opinión, el
resultado más probable es que el futuro será como el pasado, con una variedad
de sistemas económicos.
Hay que admitir que los exámenes anteriores son, además de
valiosos, valerosos -si apreciamos los virus sistémicos mortales en su contra-,
pero, el problema mayúsculo es que no pasan de ser profundas e ilustradas
conclusiones.
En el tozudo mundo real, los líderes principales del
capitalismo parecen menos alarmados por la suerte humana que por la de sus
ambiciones, como acaban de demostrar Rubio y Trump. Lo que se verifica y
reproduce -con la misma virulencia de las cifras de contagiados y fallecidos de
los tiempos de la pandemia-, es la esencia egoísta, maltusiana, depredadora del
sistema. Y lo más peligroso, una tendencia hacia sus variantes más extremistas.
La urgencia de cambio impuesta al capitalismo tras la
aparición de la Revolución de Octubre -shocks extremos de por medio- y que
contribuyó al surgimiento del nombrado Estado de bienestar, no parece ahora la
seña dominante, aunque nadie con un mínimo de cultura política negaría la
necesidad de reformularlo y de que esas correcciones tendrían que tomarlas
prestadas del socialismo.
La teoría keynesiana impulsó la intervención del Estado para
mejorar el empleo y ajustar la distribución arbitraria y desigual de la
riqueza. Igual pasó con la adopción de políticas socialdemócratas, como
sistemas públicos de salud y educación para proteger de la inseguridad del
mercado y con la adopción de regulaciones a la acumulación de capital, con
impuestos progresivos y disposiciones para limitar los monopolios, así como
fórmulas de planificación.
Los socialismos sobrevivientes a la caída del llamado modelo
‘real’, incluyendo el cubano, llevan una ventaja, pese a costosos fardos de
dogmatismo e inmovilidad: comenzaron a reformarse mucho antes de que se
expandiera la cepa coronavírica. Los más atrevidos y exitosos frente a esta
última y a su crisis total acompañante fueron, precisamente, los que más
avanzaron en esa renovación.
Contrario a lo ocurrido con el esclavismo, el feudalismo y
el capitalismo, los socialismos realmente existentes -adelantados a su tiempo,
a juzgar por la teoría de Marx- buscan solidificar la viabilidad de su
plataforma humanista, sometidos a la maldad y el acoso continuo del capitalismo
dominante, como puede verificarse de tanteos de cambios en Cuba desde el 6to.
Congreso del Partido Comunista.
Ya sabemos, de momento, que socialismo y capitalismo viven
muy peculiares períodos de transición y que están tomando presta’o el uno del
otro. ¿Ya veremos, entre ambos, a cuál, definitivamente, le encajará el dicho
cubano?”.
Periodista y escritor; presidente del Colegio Nacional de Licenciados
en Periodismo, CONALIPE; presidente de honor de la Federación Latinoamericana
de Periodistas, FELAP; presidente fundador y vitalicio honorario de la
Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos, FAPERMEX, Doctor Honoris
Causa por la Universidad Internacional, Académico de Número y director de
Comunicación de la Academia Nacional de Historia y Geografía, ANHG. Agradeceré
sus comentarios y críticas en teodororenteriaa@gmail.com Nos escuchamos en las
frecuencias en toda la República de Libertas Radio. Le invitamos a visitar: www.felap.info, www.ciap-felap.org, www.fapermex.org, y el portal: www.irradianoticias.com
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