Por Teodoro Rentería Arroyave
Martes 7 de julio de 2026
ACAPULCO, GUERRERO. El pasado 2 de julio el diario “El
País”, publicó un análisis de la efeméride que cambió la historia de México y
que tituló: “La noche del 0.56 por ciento cumple 20 años; la elección que
partió a México en dos”, exacto se refería al 2 de julio de 2006, en que se
llevó a cabo la elección presidencial entre Felipe de Jesús Calderón Hinojosa y
Andrés Manuel López Obrador misma que se decidió “oficialmente” a favor del
panista por 233.000 votos; y que marcó, según apunta, la división en el futuro
político de México.
“Hay días que pudieron cambiar la historia de un país, pero no lo hicieron. En
México, uno de esos días fue el 24 de julio de ese 2006, cuando los dos
protagonistas de las elecciones presidenciales intercambiaron cartas que los
distanciaron para siempre, marcando una profunda herida política que, 20 años
después, sigue sin cerrarse.
A las 4:30 de la tarde, recuerda, el candidato de la izquierda, Andrés Manuel
López Obrador, envió a César Yáñez, uno de sus colaboradores más cercanos, a la
oficina de Felipe Calderón Hinojosa, el candidato conservador que acababa de
ganar las elecciones. El emisario llevaba una carta con una propuesta: aceptar
el recuento de todos los votos emitidos en la jornada del 2 de julio y firmar
el compromiso de aceptar el resultado, ganara quien ganara. A cambio, el
tabasqueño ofrecía reconocerlo como presidente electo y frenar las
movilizaciones contra el fraude electoral.
“En caso de que usted no acepte esta propuesta, asumirá su responsabilidad de
cara a los mexicanos. Si el Tribunal no cuenta los sufragios, y avala su
‘triunfo’, quedará para siempre la sospecha o la certidumbre de que usted no
ganó en las urnas y de que hubo fraude en la elección. De ser así, para
millones de mexicanos usted será un presidente espurio”, advertía Andrés
Manuel, en los albores de un conflicto político y social que escalaba a pasos
acelerados.
Felipe Calderón envió su respuesta a las 7 de la noche de ese mismo día con un
mensajero, y en ella reiteraba su negativa al recuento, bajo el argumento de
que los votos ya habían sido contados por la ciudadanía la noche de los
comicios, y por el Instituto Nacional Electoral en los cómputos distritales.
“Los mexicanos ya votamos. La verdadera defensa de la democracia consiste en el
respeto a la voluntad popular expresada en las urnas y a las instituciones responsables
de organizar y calificar el proceso electoral. Respetar el voto es respetar a
México”, reviró el panista.
Cinco días después, López Obrador instaló un plantón en Paseo de la Reforma, y
dio inicio a una larga resistencia civil que se prolongó durante todo el
sexenio de Calderón, a quien siempre se refirió como “presidente espurio”.
Esas cartas fueron el último contacto entre dos políticos que habían peleado
voto a voto la Presidencia en una ruda campaña que concluyó -en la jornada del
2 de julio de 2006- con el resultado más cerrado en la historia de las
elecciones mexicanas: 15.084.000 votos del candidato del PAN, equivalentes al
35,89%, frente a 14.756.350 del abanderado de la coalición PRD-PT-Convergencia,
que representaban el 35,31 por ciento.
Semanas después, cuando el Tribunal Electoral hizo un recuento parcial de votos
en 11.724 de las 130.477 casillas instaladas, se anularon más de 234.000
papeletas y se ajustaron las cifras. En la sentencia en la que se escribió “la
verdad jurídica de la elección”, Calderón ganó por una diferencia de 0,56 por
ciento, una ventaja de 233.000 votos que el propio Calderón comparaba con dos
estadios Azteca llenos, suficientes para convertirlo en presidente, pero no
para legitimar su triunfo y menos para augurarle un sexenio tranquilo.
No siempre fueron enemigos, recuerda el análisis, en otra época, López Obrador
y Felipe Calderón confluyeron en la lucha democrática en contra del régimen
priista. Ambos fueron dirigentes de los dos principales partidos de la oposición:
Partido de la Revolución Democrática, PRD, y Partido Acción Nacional, PAN, e
impulsaron juntos la reforma política de 1996, considerada como la pieza
crucial de la transición mexicana. Pero, en 2006, estaban en las antípodas.
López Obrador había iniciado la campaña con una ventaja de 20 puntos en las
encuestas, catapultado por la exposición que le había dado la Jefatura de
Gobierno de Ciudad de México, su confrontación permanente con el presidente Fox
y el desafuero promovido en su contra en 2005, que le permitió construir la
imagen de un mártir político, víctima de un complot antidemocrático que, bien
narrado por él y sus voceros, movilizó a millones de ciudadanos en el año
previo a las presidenciales.
Para tratar de alcanzar al puntero, Calderón impulsó una campaña basada en la
frase “López Obrador, un peligro para México”. El panista se echó en brazos de
cúpulas empresariales, concesionarios de televisión y radio, líderes
religiosos, dirigentes sindicales y gobernadores que querían impedir, a toda costa,
que el líder de la izquierda llegara a la silla presidencial. Y su equipo lanzó
agresivos spots que se repetían millones de veces en radio y televisión para
descalificar a López Obrador, comparándolo con el venezolano Hugo Chávez.
La campaña polarizó al electorado, que prácticamente ignoró al candidato del
Partido Revolucionario Institucional, PRI, Roberto Madrazo Pintado, mandándolo
a un lejano tercer lugar. Madrazo fue abandonado incluso por los gobernadores
priistas que, convencidos por la poderosa lideresa del sindicato de maestros,
Elba Esther Gordillo, movilizaron sus estructuras en favor de Calderón”.
Hasta aquí el artículo de “El País”, nosotros agregamos que todo esto se empezó
a fraguar desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, el verdadero creador
del neoliberalismo, y voy más lejos desde su intromisión en el gobierno de su
antecesor, Miguel de la Madrid Hurtado.
Desde luego también al magnicidio del candidato priista, Luis Donaldo Colosio
Murrieta del miércoles 23 de marzo de 1994, que permitió que por “dedazo” del
mismo Salinas, Ernesto Zedillo Ponce de León fuera su sucesor y éste a su vez
entregara el poder al ignaro, Vicente Fox Quesada, en traición manifiesta a su
partido y a su candidato, Francisco Labastida Ochoa
Seis años después, al término del fracasado sexenio de Calderón, nuevamente el
priismo recuperó el poder en la persona de Enrique Peña Nieto. Desde aquel
entonces, lo comentamos en su momento, en lo oscurito PAN y PRI quisieron
copiar a Estados Unidos, trasladar a México el sistema bipartidista, sus
líderes admiradores de la potencia del norte así lo habían decidido, pero se
les atravesó López Obrador y la Cuarta Transformación, que ha dejado en la
orfandad a la inexistente oposición representada por los tricolores y los
azules.
Terminamos esta entrega con la cínica declaración del “clásico” Felipillo
Calderón, Soy presidente de México “haiga sido como haiga sido”.
Periodista y escritor; presidente del Colegio Nacional de Licenciados en
Periodismo, CONALIPE; presidente de honor de la Federación Latinoamericana de
Periodistas, FELAP; presidente fundador y vitalicio honorario de la Federación
de Asociaciones de Periodistas Mexicanos, FAPERMEX, Doctor Honoris Causa por la
Universidad Internacional, Académico de Número y director de Comunicación de la
Academia Nacional de Historia y Geografía, ANHG. Agradeceré sus comentarios y
críticas en teodororenteriaa@gmail.com Nos escuchamos en las frecuencias en
toda la República de Libertas Radio. Le invitamos a visitar: www.felap.info, www.ciap-felap.org, www.fapermex.org, y el
portal: www.irradianoticias.com
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