"EL Tiroteo de la Pirámide de La Luna de la zona arqueológica de Teotihuacan, Estado de México, México, que tuvo el doloroso saldo de una turista canadiense muerta, trece turistas extranjeros heridos y el propio agresor, Julio César Jasso Ramírez también fallecido, obedece, no nos equivoquemos, a una patología mundial del odio cuyos..."
OPINIÓN
COMENTARIO A TIEMPO
Por Teodoro Rentería
Arróyave
Miércoles 22 de abril de 2026
EL Tiroteo de la Pirámide de La Luna de la zona arqueológica
de Teotihuacan, Estado de México, México, que tuvo el doloroso saldo de una
turista canadiense muerta, trece turistas extranjeros heridos y el propio
agresor, Julio César Jasso Ramírez también fallecido, obedece, no nos
equivoquemos, a una patología mundial del odio cuyos orígenes son ancestrales
aunque se ubican en los tiempos actuales en las herencias que nos dejaran tanto
el nacismo como el fascismo y ahora retomadas por un racismo ideológico de las
derechas y las derechas extremas, que mantiene a la humanidad en la angustia de
que se pueda provocar la tercera y última Guerra Mundial, que nos podía
retrotraer, si bien nos va, a la Edad de Piedra o a la desaparición de nuestro
hogar común, el planeta tierra.
En una cobertura magistral, sin menospreciar a los demás
medios, el diario “El País, no sólo cubrió los trágicos hechos al instante,
además realizó las investigaciones correspondientes para ubicarnos en el
contexto de lo ocurrido.
Julio César Jasso Ramírez, el tirador de Teotihuacán, nos
dice, celebraba la matanza de Columbine y a la ultraderecha fascista, nos
relata que las autoridades identificaron al agresor como un hombre de 27 años
originario del Estado de Guerrero que vivía en la capital, precisamente en el
norte en la Alcaldía Gustavo A. Madero colindante con la entidad mencionada,
hasta ahora no se ha aclarado si se suicidó con su propia arma, o fue abatido
por la propia Guardia Nacional, misma que evitó que el suceso se convirtiera en
una matanza de proporciones mayúsculas.
Primero, en tiempo real, relataba: Un solo hombre con un
arma corta tiene sometidas a decenas de personas en lo alto de la Pirámide de
la Luna, en la concurrida zona arqueológica de Teotihuacán, Estado de México. Entre
la gente aterrorizada hay muchos turistas extranjeros. En los vídeos que han
saltado a las redes se les ve pecho en tierra u ocultos detrás de las piedras
que sobresalen de la propia pirámide. El asesino -que mató a una persona de
nacionalidad canadiense- se pasea con parsimonia en esa altura que ha elegido
como escenario. Parece consciente de que lo observan, lo graban, lo temen. Todo
el mundo petrificado mientras el atacante, identificado como Julio César Jasso
Ramírez, de 27 años, camina hacia su equipaje, se agacha, extrae probablemente
cartuchos, y luego, arma en mano, un revólver calibre .38, regresa hacia donde
están postradas las que serán sus víctimas.
Los videos, grabados a decenas de metros de distancia por
los visitantes que están a los pies de la pirámide, no permiten observar los
pequeños detalles, pero dejan ver la imagen amplia, la deplorable hazaña del
asesino ante el mundo: Jasso Ramírez, que lleva indumentaria militar, balancea
el brazo con el arma, apunta al cielo, luego hacia la gente tirada bocabajo, y
dispara una, dos, tres veces. Así, los tiros espaciados por un breve descanso
macabro, como si cada detonación y su intervalo fuese un mensaje codificado.
Además de asesinar a la mujer canadiense, el atacante hirió
a siete personas con el arma. Otras seis sufrieron lesiones corporales y
fracturas al calor de la refriega. Según la Fiscalía del Estado de México,
Jasso Ramírez se suicidó con su propio revólver, tras haber sido herido en una
pierna por elementos de la Guardia Nacional, que llegaron al sitio para atender
la crisis. Las autoridades esperaron hasta el día siguiente de la matanza,
ocurrida el domingo, para dar detalles que permitan entender el crimen de un
lobo solitario, que ha elegido a una multitud aleatoria. Es inevitable pensar
en las matanzas que son frecuentes en Estados Unidos, a las que no están
habituados los mexicanos.
Para luego rematar: Ahora se sabe que el asesino era
originario del municipio de Tlapa, Estado de Guerrero, -que tiene una enorme
población indígena- y vivía en Ciudad de México, según la identificación que
las autoridades hallaron entre sus pertenencias. En una mochila llevaba decenas
de cartuchos, un cuchillo y panfletos relacionados con la masacre del Instituto
Columbine, Colorado, Estados Unidos, ocurrida el 20 de abril de 1999, tomada
por él como una efeméride.
La Fiscalía mexiquense considera que Jasso Ramírez tenía “un
perfil psicopático” que lo volvió un copycat, un imitador que replica crímenes
icónicos. Su inspiración fueron los dos estudiantes de Columbine que asesinaron
con rifles de asalto a 12 compañeros y un profesor, e hirieron a 24 personas
más. Después, se suicidaron. Ese hecho se ha convertido en una de las mayores
estampas de la epidemia de las armas y sus víctimas en Estados Unidos. El
revólver que usó Jasso Ramírez, un Smith & Wesson, era en sí mismo una
reliquia de la década de los sesenta fabricada en el país norteamericano.
El perfil de las víctimas -todas extranjeras- y los signos
elegidos por el atacante aportan más pistas sobre un crimen movido por el odio,
por mucho que la Fiscalía del Estado de México insista en que Jasso Ramírez
simplemente tenía “una psicopatía, un padecimiento, una enfermedad”. “Estaba
desconectado del mundo real”, ha dicho el fiscal, José Luis Cervantes, y ha
añadido: “Dejó algunas notitas donde decía que tenía alguna inspiración más
allá de la Tierra”.
El periódico Milenio encontró que Jasso Ramírez era un
seguidor de Hitler y llegó a publicar fotografías suyas haciendo el saludo
nazi, lo que le aproxima a la ultraderecha fascista. De hecho, otra efeméride
que se cumplía el mismo día del crimen de Jasso Ramírez era el nacimiento del
líder fascista alemán, Adolfo Hitler.
No cabe la menor duda, todo este drama y los demás se
explican por la patología del odio, del racismo que patrocinan e inculcan las
criminales derechas y derechas extremas y la millonaria industria de las armas.
Periodista y escritor; presidente del Colegio Nacional de Licenciados
en Periodismo, CONALIPE; secretario de Desarrollo Social de la Federación
Latinoamericana de Periodistas, FELAP; presidente fundador y vitalicio
honorario de la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos, FAPERMEX,
Doctor Honoris Causa por la Universidad Internacional, Académico de Número y
director de Comunicación de la Academia Nacional de Historia y Geografía, ANHG.
Agradeceré sus comentarios y críticas en teodororenteriaa@gmail.com Nos
escuchamos en las frecuencias en toda la República de Libertas Radio. Le
invitamos a visitar: www.felap.info, www.ciap-felap.org, www.fapermex.org, y
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