"En el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, en una majestuosa ceremonia académica presidida por los monarcas de España, nuestro compatriota al convertirse en recipiendario del máximo galardón por su obra en lengua castellana, inició su mensaje..."
OPINIÓN
COMENTARIO A TIEMPO
Por Teodoro Rentería
Arróyave
Viernes 24 de abril de 2026
Gonzalo Edmundo Celorio y Blasco, Premio Cervantes 2025, al
recibir en la víspera el máximo galardón por su aporte a la lengua castellana
ha expresado: LA PALABRA QUE MÁS ME GUSTA DE LA LENGUA DE CERVANTES ES LA
PALABRA PALABRA. El escritor, ensayista y académico mexicano, reconocido por su
contribución a la literatura y la crítica literaria, comentó emocionado “Hoy
llegué, papá, 64 años después” porque su padre, en su lecho de muerte, le dijo:
“Tú llegarás, hijo”. Celorio, quien es el undécimo de su familia, fue el último
en comparecer ante su padre, su frase refleja su deseo de honrar a su padre y
su compromiso con la literatura.
En el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, en
una majestuosa ceremonia académica presidida por los monarcas de España,
nuestro compatriota al convertirse en recipiendario del máximo galardón por su
obra en lengua castellana, inició su mensaje, que destaca su talento: “De reojo
Miguel de Cervantes vigila mi escritura desde la cabecera de mi escritorio con
la gola o gorguera metonimia de su efigie que le rodea el cuello y en la que
parece descansar la cabeza y el rostro grave como convendría una voz
grandilocuente. Tal es la imagen del más célebre escritor que ha engendrado la
lengua española en todos los tiempos de su historia milenaria y en todos los
lugares del vasto territorio donde se habla”.
Así figura en las portadillas de los libros de su autoría,
en los grabados que ilustran las historias de la literatura española y hasta en
el estrado del auditorio principal de la Real Academia Española… También la
frente desembarazada, ¡cómo no, si ya ha parido nada menos que el Quijote! Pero
no se echa de ver la alegría de los ojos, que deberían reflejar, con su brillo,
el ingenio del escritor, que supera al de su personaje, calificado con el
epíteto de ingenioso. El gesto adusto no le permite la sonrisa ni la risa y
mucho menos la carcajada, que pondría al descubierto sus dientes molenques, mal
concertados los unos con los otros, pero que daría constancia del humor que Cervantes
despliega a lo largo de las muchas páginas de su novela”.
El profesor, literato y poeta morelense, Pablo Rubén
Villalbos, ocupó el asiento permanente en el Jurado del Premio Cervantes que
tiene la Federación Latinoamericana de Periodistas, FELAP, que preside el
compañero colega, Juan Carlos Camaño a propuesta de la Federación de
Asociaciones de Periodistas Mexicanos, FAPERMEX, y el Colegio Nacional de
Licenciados en Periodismo, CONALIPE. Antes tuvieron ese honor María Consuelo
Eguía Tonella y Teodoro Rentería Arróyave.
Para más adelante decir, lo que a todos los que escribimos nos incumbe: “Es natural el fervor con que Cervantes valora la libertad después de haber permanecido en cautiverio durante más de cinco años en Argel y de haber sufrido sucesivos encarcelamientos posteriores. Y lo es a tal grado, que la libertad, en su discurso, tiene predominio aún sobre la justicia, de la que su propia experiencia le hace recelar.
Pero la libertad que Cervantes exalta a lo largo de las
páginas de su obra no se limita a la ponderación que de ella hace don Quijote
incontables veces y a las acciones que emprende para defenderla. Es también una
condición de su propia escritura novelística”. Porque, agrega, “la novela
cervantina rompe con todas las ataduras que pudieran aprisionar el género.
Alejo Carpentier dice que toda gran novela empieza por hacer exclamar a sus
lectores: ‘¡Pero esto no es una novela!’ Y así la han de haber considerado los
lectores de su tiempo, desconcertados por la absoluta libertad literaria que
Cervantes despliega capítulo a capítulo.
Si el fundamento del canon cervantino no es otro que la
insubordinación a todo canon y ese canon sigue vigente, la novela ha cifrado su
originalidad y su valor en tal iconoclasia. Y no sólo porque admita la
concurrencia de varios géneros en su seno, como ocurre en el Quijote, sino por
su renuencia radical a ubicar los géneros literarios en compartimentos
estancos.
En la llamada literatura del yo, ha tenido preeminencia la
poesía lírica. El poeta habla de sí mismo y de sus ensoñaciones. Y a nadie le
extrañaría que, en una circunstancia como esta, el poeta se refiriera a su
propia poesía. Pero la literatura del yo también se ejerce en la prosa -en el
ensayo, la novela, la memoria, que son los géneros, entremezclados hasta la
promiscuidad, en los que mi voz ha querido perseverar´”.
Más adelante explicó que “la nacionalidad mexicana no puede
disociarse de la historia y de la cultura españolas, que le son inherentes. Con
sus propias peculiaridades, en cierta medida derivadas de las culturas
antiguas, en las que se ha intentado sobreponer la retrotopía del paraíso
perdido, México es parte sustancial de lo que Carlos Fuentes denominó
felizmente ‘el territorio de la Mancha`”.
Hizo un recorrido de su propia obra, que abordaremos en la
próxima entrega, sin antes reproducir esta su frase maestra: “He dedicado toda
mi vida a la palabra. Como escritor que acaso habla más de lo que lee que de lo
que vive; como profesor que no ha tenido mayor placer que contagiar el
entusiasmo por la literatura a las muchas generaciones de alumnos que han
pasado por sus aulas. Por eso, cuando alguien me pregunta que cuál es la
palabra qué más me gusta de la lengua española, le respondo que la palabra que
más me gusta de la lengua de Cervantes es la palabra palabra”.
ra


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